ESTRATEGIA DE GOBERNANZA IV

Ph.D. Tomás Páez (2021)

Liberar el potencial de la migración para lograr un desarrollo incluyente.

Palabras de la presidente sueca del Foro Global de las migraciones

La estrategia de gobernanza se asienta en los principios de cambio e incertidumbre recogidos en la frase: “La vida da muchas vueltas y nunca se sabe”.  Las personas “circulan” (giran por el planeta) por diferentes razones y de las más diversas maneras. Durante más de 200 años, Venezuela recibió ciudadanos de todo el mundo y la política migratoria ocupó un lugar privilegiado en la agenda; proliferaron políticas, leyes, normas, decretos e instituciones con el propósito de atraer capital humano al país. En las estrategias, ciudades y regiones ocupaban un lugar preferente.

La estrategia se profundizó de un modo particular en el siglo XX, periodo en el cual Venezuela cambió desde su corteza hasta sus entrañas. Ese periodo lo condensa, de manera magistral, Asdrúbal Baptista en dos gráficos. El primero, el inmenso rebote experimentado en el   PIB y, el segundo, el acrobático salto en el ingreso per cápita de los venezolanos: del más reducido al más elevado de la región, por encima, incluso, de países europeos. En ese siglo creció la migración interna e internacional, tendencia que desaparece y revierte con el arribo al poder del “socialismo del siglo XXI”.

Los responsables de ejecutar la política de inmigración realizaron estudios, en la primera mitad del siglo XX, con el objeto de conocer el grado de respaldo social a las políticas migratorias, así como las percepciones y actitudes de los ciudadanos ante los inmigrantes. El estudio indagó en la existencia de diferencias en el trato a nacionales e inmigrantes y cómo eran percibidos los efectos de la inmigración En este punto cerca del 80% expresó que sus efectos eran positivos.

La historia nos advierte la seriedad con la que se abordó el tema y la evaluación hecha permite identificar las razones de los fracasos y éxitos alcanzados. La realidad actual dista mucho de la anterior: más de 6 millones 700 mil venezolanos, 20% de la población, equivalente a la población venezolana de 1960. Nueva realidad, una NUEVA GEOGRAFÍA, a la cual debe hacer frente la Polítca (con P mayúscula).

La migración no es un proceso lineal, más bien circular y poliédrico, y no culmina con el retorno al país de origen. De allí la inoperancia e inutilidad de los marcos legales promotores del retorno. Las migraciones consolidan nuevas y dinámicas geografías: la vida da muchas vueltas.  

La historia de Venezuela es un maravilloso espacio de aprendizaje, es un postdoctorado en migraciones y sus enseñanzas fundamentales para el diseño y ejecución de la estrategia de gobernanza de la diáspora venezolana. Nos presenta la complejidad del fenómeno, las distintas aristas y dimensiones, las diversas causas y efectos de las sucesivas oleadas migratorias acogidas en el país.

Esa experiencia nos enseña la importancia de un enfoque adecuado, integrador e incluyente, ya que lo contrario conduce a políticas inútiles. Abundan estas últimas y cobran vida en anuncios publicitarios, eslóganes, declaraciones y generalizaciones. Una de tales generalizaciones causaba escozor a Hannah Arendt, a quien le horrorizaba el término refugiado, decía en 1943, nos denominamos “recién llegados” o “inmigrantes”, quizá esta percepción se suma al hecho de que solo el 16% de la diáspora ha solicitado asilo.

Hemos subrayado la importancia de la regularización e inclusión, lo referido al desarrollo, el emprendimiento y el empleo, la mejora de la productividad, la difusión tecnológica, la necesidad de focalizar la atención en localidades y ciudades receptoras y de origen, la ayuda humanitaria, más allá del asistencialismo, y el tema medular de defensa y fortalecimiento de la democracia y las libertades.

Muchos de quienes integran la diáspora han vivido o nacido en democracia y, entre quienes retornan a sus ciudades de origen, encontramos a aquellos que habían huido de dictaduras, guerras y “grupos armados” dispuestos a imponer por las armas su ideología en las ciudades y países de origen. No es casual que los regímenes dictatoriales restrinjan la inmigración para evitar el contagio de ideologías democráticas.

La pregunta es: ¿Cómo contribuye la diáspora al desarrollo de la democracia y las libertades? A través de las asociaciones y organizaciones de las que se ha dotado, la diáspora documenta, denuncia y difunde las atrocidades del régimen dictatorial: el saqueo y secuestro de los derechos humanos, el empobrecimiento de los ciudadanos hasta límites inexplicables e incomprensibles, intentando doblegar el estruendoso silencio que guardan sindicatos, universidades, partidos, gobiernos y parlamentos de países receptores de migrantes venezolanos, testimonio de la destrucción de Venezuela. También lo hacen defendiendo su derecho a participar, a votar y ser elegido y a ser parte del desarrollo de los países de origen y acogida.  

Nuestro trabajo directo con las asociaciones diaspóricas en el planeta y su participación en los espacios de radio y televisión semanales, el pionero iniciado hace cinco años y el más reciente de hace un año (La Voz de la Diáspora y Diáspora y Ambiente respectivamente), corrobora la dicho. En ellos han presentado lo hecho a lo largo de dos décadas y los nuevos proyectos en defensa de la democracia y la libertad.

Ante la diáspora y sus organizaciones el régimen adopta una actitud negacionista, transforma la mentira en una cosa natural y la eleva a categoría de ley. Escuchar a sus voceros hablar de Patria o de logros causa hilaridad e indignación. Tal indiferencia y odio del régimen hacia la diáspora no cabe enfrentarla con la prepotencia, la imposición y la sustitución o desconocimiento del trabajo realizado por la diáspora, que no ha sido poco: no tienen cabida políticas “adánicas”, tampoco políticas sin tierra bajo los pies. Ya hay suficientes y profundos surcos en el alma de los venezolanos. Es el momento de la POLITICA en todos los terrenos, incluido el humanitario, término polisémico y con muchas fisuras, en torno al cual es necesario profundizar.

El diseño y ejecución de la estrategia de gobernanza exige: Liderazgo, capacidad de Gestión y Confianza, fundada en principios compartidos. El trabajo global y en red de las asociaciones diaspóricas, lo favorecen las tecnologías y aplicaciones de comunicación de las que disponemos hoy día. Más bien, el tema es cómo evitar que la comunicación se convierta en un hecho intrascendente. Estas organizaciones ejercen la “diplomacia pública”: actúan como embajadores, agregados comerciales, culturales y científicos y como representantes de su comunidad, ante los gobiernos locales, los partidos políticos y los parlamentos.

Disponemos de un arsenal de herramientas y conocimientos de gestión para respaldar el diseño de la estrategia de gobernanza, y los sistemas de indicadores con los cuales evaluar su ejecución a objeto de introducir los correctivos apropiados, pues aquello que no se mide no se puede mejorar. La gestión de una “organización red”, con múltiples actores y nodos, plantea nuevos retos. Es un verdadero desafío también para los partidos políticos, desafortunadamente disminuidos y operando además en condiciones muy adversas, ya que  tienen la tarea de conectar los más diversos y disímiles necesidades, intereses y expectativas de personas y organizaciones de la diáspora.

La estrategia está animada con el objeto de fortalecer la propiedad privada, la empresa y el mercado, asuntos medulares para la democracia, la libertad, la diáspora y la integración. El emprendedor y el trabajador por cuenta propia tienen el reto de ofrecer mejores y novedosos productos y servicios: es decir, debe añadir valor. En el mercado se enfrentan o cooperan con competidores, y por ello el comercio produce cambios. En él también se intercambian conceptos, información, bienes y servicios, creado así nuevas realidades y conocimientos.

A fines de los 80s, el comercio colombo-venezolano escasamente rozaba los 80 millones de dólares; luego de la apertura alcanzó los 7 mil millones, aproximadamente. A través de los números podemos ver cómo se multiplicaron los contactos y las relaciones humanas e institucionales, las alianzas estratégicas, los acuerdos bilaterales y las inversiones conjuntas. Con el socialismo del siglo XXI ese número desciende a valores de hace medio siglo. Estas realidades hacen indispensable la participación activa de empresarios y de la sociedad civil en el diseño y ejecución de la estrategia.

La diversidad y complejidad de la diáspora, obliga a realizar un esfuerzo simultáneo en varios frentes. Sin pretender agotarlos:  certificación de competencias, homologación de títulos, ecosistemas de emprendimiento, alianzas empresariales, atención a los niños apátridas, pensionados y jubilados, inversionistas, internacionalización de empresas en los ámbitos tecnológico, financiero y de mercado, etc. Ello es clave para las regiones y ciudades, pues ellas también compiten para atraer inversiones, ampliar sus tejidos empresariales y aumentar su competitividad. Ciudades y países se promueven para atraer migrantes en aquellas áreas de su interés para potenciar su presencia en el mundo, una oportunidad única que nos permite aprovechar ese importante activo del que hoy dispone el país en sus nuevas fronteras.